El ingenio ante la adversidad

En las últimas semanas he podido revisar todos los protocolos que han publicado los ministerios hasta el momento y yo mismo me encuentro en el dilema que tiene enfrentados al sector público y al sector empresarial. Por un  lado como prevencionista que soy, me inclino a criticar los protocolos por ser demasiado permisivos e imprecisos,  por no asegurar la salud y no exigir lo que deberían y por otro lado, como empresario, me provoca criticarlos por su dureza, porque aplicarlos significaría perder la rentabilidad, tener que despedir a mis trabajadores y a la larga clausurar mi empresa.

Esta es la situación en la que estamos, en una negociación que nunca va a poder satisfacer a todos los lados. El Estado sabe que sus recomendaciones no se aproximan a lo que necesitamos, los responsables de elaborar los planes de prevención saben que no hay margen para maniobrar y los empresarios saben que si se quedan sin empresa nunca hicieron sentido los protocolos.

La reactivación económica pende de un hilo. Estamos a puertas de correr la carrera más importante de la historia. A los médicos ocupacionales y a los profesionales de salud laboral se les ha encomendado la tarea de equipar el carro para ganar un rally con las condiciones más duras que han visto las últimas 6 generaciones, el presupuesto que han pedido alcanzaría para el carro más básico y ya recibieron la noticia de que deben reducir sus costos a la mitad. Lo dramático es que no es una carrera, sino la protección de todas las personas con las que trabajan.

Es momento de aplicar la picardía y la viveza que tanto caracteriza a los peruanos y transformarlas en ingenio y creatividad, para esta vez no sacarle la vuelta a la cuarentena, sino a las limitaciones. Es cierto, no tenemos el presupuesto para pagar los equipos de protección que necesitamos para mantenernos sanos, para sobrevivir si nos enfermamos, pero eso no significa que nos tenemos que conformar con protegernos a medias.

Las soluciones que proponen los países ricos no se van a poder importar y aplicar en nuestra realidad, la única forma posible es tomar el cuaderno en blanco y llamar a todos los jugadores. El equipo tiene que incluir al biólogo y al epidemiólogo para que nos expliquen cómo funciona el virus y como se contagia, al prevencionista y al médico ocupacional para que pongan el contexto, al ingeniero para que diseñe los procesos, al trabajador textil para que prepare unas mascarillas que sirvan, a los importadores para traigan de fuera lo que no podemos producir, al transportista para que piense como moverá a todos, al empresario para que se ajuste el bolsillo y al Estado para que nos guie en el camino.